Marqués de Sade

Pulgas. Oprobios y lapislázuli. ¿Dónde, en los corrillos de la literatura latinoamericana, se ha permitido la comparación entre autores cultos? ¡Está de más! Es agradable, es necesario para matar el tiempo de la abstinencia y suma otro porotito en la alberca de la vida académica culta. Digamos por ejemplo que ¡es obligatorio comparar! ¿Es mejor Jorge Amado o Roberto Bolaño? En prosa, ritmo, categoría, prestancia, eficacia verbal y vida interesante. ¡Me siento frente a la cosa y comparo las vidas de los demás! ¡Orgullo! Y responderemos: fue mejor Bob Marley. Sin dudas Bob tiene mucho mejor puntaje culto que los demás en este sabroso portal de "comparando por un año". ¡Que las artes compitan y los artistas igualmente! ¡Igual mente!


En primer lugar, era negro. Ya eso es un gol de arco a arco. ¿Cuántos escritores negros se te vienen a la cabeza? Tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac, punto. ¡Santo Grial! Y no es porque en Uruguay seamos racistas, ¡ah no! ¡Si somos librepensadores! ¡Y cuanto más estudio menos racista soy! ¡Soy una máquina de solidaridad! ¿O no te cruzaste en la facu con los afrodescendientes? ¿No? Debe ser casualidad y hablemos mejor de CUEVANA. ¡Bob tenía una cara de bueno preciosa, pobrecito! Jamás hubo de verse a Marley con cara de malo o de mala actitud, violencia doméstica, abuso infantil, hurtos, ajuste de cuentas, rapiñas o caprichosa baja de la edad de imputabilidad. ¡Todo lo contrario, canario! ¡Era buenazo! Aunque tenía ojitos de pillo, sino en vez de ser cool sería un vejiga. Lo cual nos sumerge en un tercer punto y gano de mano: cantaba re social, escribió a los pobres, en contra de los milicos, a favor de la mujer dolorida, jugaba al fútbol (¡qué canchero!) y fumaba cigarrillos de marihuana de la misma manera que el docente uruguayo consume arroz. ¡Un modelo a seguir imprimiendo remeras! ¿Quién no tiene un disco de Bob Marley en la casa y lo escucha al menos una vez por semana mientras lucha a brazo batido por los derechos de los destazados? ¿Y qué pasa en Balizas en esta época del baño? ¡Bueno fueras!

¿Qué libros?

Fernando Pessoa

Fernando Pessoa nace en Barbados, Antigua, Caracas, el dieciséis de mayo de 1922. De padre marinero y madre no, despierta rápidamente su amor por la literatura leyendo y publicando, a la tierna edad de ocho añitos, sus primeros best sellers infantiles: "Lobos devoran a personas con cataratas" y "Zorros devoran a personas con conjuntivitis". Ya en el colegio, Fer conoce y traba una finísima amistad con Pablo Neruda y Jorge Bucay, con quienes emprende un proyecto literario que desembocará en su más trascendental obra infantil: "Perros devoran a personas con miopía". El director del colegio llega a sorprender a Nando utilizando pirograbado en las piernas de una compañerita y decide mandarlo al Panóptico de Bentham, Harvard, donde se entrevista con el Dr. Enrique Tarigo que, fascinado por el potencial del muchacho, lo mantiene absorbiendo conocimiento hasta que cumple los dieciocho años. Trabajando lana, cuero, PVC, aluminio, bronce, cobre, asbesto y esterilla, Pessoa se interesa por los conflictos socio-económicos y dicha excrescencia comienza a impregnar su obra indefinidamente. Allí publica sus primeros ensayos en forma de poemas o novelas de caricaturas en cerámica y gana el primer premio del INJU por su controvertida "Los canes y las vistas" donde relata la vida de una excelentísima madre que prende espirales en cada sitio de la casa hasta tranquilizarse (una probable referencia a su madre o no). En 1991, tras la furia anarco-pop del grupo de los cinco, Fernando viaja a Portugal a conocer a sus padres y allí se entrevista con Linda Evans y María Antonieta de las Nieves (como La Chilindrina), quienes serían sus amores por el resto de la zafra. A ellas les dedicaría su primer libro de poesía: "Sarna para mis lentes" y a partir de allí trabajaría sin descanso en la fundación del Consistorio del Gay Saber y el Castillo de Greyskull con la colaboración de Max Horkheimer, Theodor W. Adorno, Herbert Marcuse, Friedrich Pollock, Erich Fromm, Diego Forlán y Jürgen Habermas.


Entre sus obras destacan mucho más mejor: "Ley SOPA: ¿nos vejan las ovejas?", "El Necronomicón Light", "Si sacamos los intermediarios tendremos hadas madrinas para todos" y "La sutil sustitución de tus ideas por una carpa de gitanos tranqui". A fines del sigo pasado, en un asado del laburo, Fernando le quiebra por accidente los brazos derechos a su amigos, Bertolt Brecht y Oliverio Girondo, y se ve obligado a exiliarse en un sitio desconocido, solo y con hambre y frío descomunales. Muere en 1988 a fuerza de suponer que el símbolo del arroba no iba a aparecer más en consideraciones estatales de género, Quito, Camino del Inca, Boulevard España y Boulevard Artigas, Editorial Santillana, Montecarlo Televisión, Canal Cuatro.

Charles Baudelaire

Cuando Safo De Lesbos me pidió prologar su libro Crisis y cambio en el Tacuarembó de hoy: ¿almejas vs mejillones? me sentí al mismo tiempo embelesado y desafiado, y tu madre bien?. Con Safo compartimos la vida desde muy pequeños aunque jamás nos conocimos, pero ella fue tenaz y yo, culto. Podría llenar metralletas hablando de lo que su esfuerzo físico constante la erigió una de las poetisas más influyentes del mercado de la abundancia, las almendras y las pipas tostadas y saladas, sin embargo prefiero guardar mis consideraciones a los capítulos de cada enmienda en este libro gorgeous (en inglés=gorgeous).

El primer capítulo, Una de cal y otra de arena: satisfacción y pinzas morsas de oriente, es una bomba de tiempo a los oídos del lector avezado. Extiende su tap tap tipi tape (como Zipi y Zape) lagarteando los preguntos sistemáticamente defenestrante y percudiendo las sábanas como culebrilla de estanque. Arroja, medita, cachonda y soberana, sobre las perplejidades del sistema bancario africano del siglo XII.

En el segundo capítulo, la actriz instala una doble atención a las estructuras literarias de fines de los años 1981 y 1987. Claramente el nombre es una guiñada a las dictaduras de latinoamérica y a Pablo Escobar: De como le tupí las guaridas a mis conejitas druidas. Allí Amanda atraviesa una casta imagen de paladares supurando materia y pétalos rozando las axilas de algunos alemanes que prefiero ni nombrar: prefiero ni nombrar, te dije.


El tercero, y a mi criterio, el más coyuntural de los cíclopes trashumantes que la secretaria ejecutiva manosea con su siempre inquieto facebook lacónico y (Die Reiven) tronchante manojo de partículas subatómicas en serio. Donde vea otra mina con calzas blancas me acabo es una aguda crítica sin pelos en la lengua a la caprichosa forma que tienen las aletas caudales de algunos peces y como se repite ipso facto en las cajas de caudales y en todo lo que el lector puede relacionar con besos negros, papel higiénico, inodoros, enemas, estreñimientos, sodomía, laxantes y otras nimiedades del carácter. Si pudiéramos resumir aquí el capítulo en dos palabras (que se puede) diríamos: planificación familiar y gel.

José Hernández

Alzo la vista (ya cumplí el objetivo de comenzar con la letra A el primer párrafo) y la veo: con hombros atrevidos y mirada cerúlea, andar musculoso y manos en forma de jade, una hermosa culona de candentes precisiones comienza a entrar desfachatada y sobriamente a la clase de filosofía. Logros hay muchos, tenazas por otra parte... Tuerzo la mano debajo del bolso y arrastro la marioneta hacia el fondo mismo del lánguido cigarro. Sube un humor blando como un quiste y ella (perdonen que adivine así) ojea los negativos en su mente sin verlos, aparentemente sin sentir mis manos en su cintura color brasilero. Le invitaría un chorizo, un chizito, una choza entera, mi tetera, las mantecas que aún no se han fabricado y el nuevo producto que saldrá al mercado cuando multiplique mis penes: un mikado. Pero la siento diferente, no entra sola, vienen sus amigas con ella. Mi voz suena desagradablemente cero cero siete cuando la miro. Y suspiro. Ni de miedo ni de migajas, solamente un manojo de virus bebiendo tequila a destajo por los costados del hocico sacudido.
De pronto y sin prever, la parvada humana sutura en silencio la explosión cerrada del aula magna. Preferiría no entrar en detalles... Ella convoca su lengua por la sed de unas arterias que ya no son mías luego del polvo seis. ¡Me encajas mentiras mientras suspiras! ¡Yegüita de supermercaditos! Cierran los libros, cortan los pasos, envuelven las manos en semen de chanchos. Y pasteurizan todas aquellas cosas que la crisis del dos mil dos no nos ha entregado...
Me retiro derretido. El sonido de la hache en los anglosajones. La puerta de la clase siempre estuviste abierta, madre. Gracias, muchísimas gracias. Hoy y siembre.

César Vallejo


¡Buenos días impostores! Mis sábanas están sucias de leche. Cuando vengas podés poner la cara y olerlas mientras te cojo por el culo. Pero ¡atención y sin miedo!, han sabido decir que el culo no fue hecho para ser penetrado. De la misma manera que los dedos no fueron hechos para usar anillo, las orejas no fueron hechas para apoyar los lentes, la vulva no fue hecha para ser lamida, los pies no fueron hechos para usar medias, el pelo no fue hecho para ser recogido, la nuca no fue hecha para ser olida, las manos no fueron hechas para aplaudir, los dientes no fueron hechos para morder el filtro del cigarrillo, la nariz no fue hecha para apoyar los lentes, el hombro izquierdo no fue hecho para colgar el bolso, el derecho menos, los pulmones no fueron hechos para meterles el humo de la marihuana, los labios no fueron hechos para chupar la lapicera, el pecho no fue hecho para ser acariciado, la espalda no fue hecha para ser tatuada, arañada menos, mordida ni hablar, la lengua no fue hecha para penetrar el ano, las manos no fueron hechas para manejar una camioneta Fiat Fiorino blanca impecable del 2007, el estómago no fue hecho para procesar pastillas, los jugos gástricos no fueron hechos para atacar chicle, la boca no fue hecha para comentar Avatar en 3D, el semen no fue hecho para derramarse en la cara, en las tetas menos, en las nalgas ni hablar, en las sábanas imaginate. ¡Buenos días impostores!



Bar Jalta by Byetone on Grooveshark



Horacio Quiroga

Antes de hacerle daño a una persona, agarra un papel y estrújalo con ganas, aversión, enemistad, animadversión, rencor, tirria, animosidad, antipatía, odio y rabia. ¿Ya lo has hecho? Entonces vuelve a dejarlo como antes. ¿Verdad que no puedes? ¿Sabes por qué? Porque las personas son como los papeles, si quieres hacerles daño sin deformarlos, tienes que ponerlos en el piso y pararte encima. ¿Se deforman? Y de este porcentaje de alumnas que viene bien escudriñarlas por el costado de la remera de manga estrecha era la noche como para verter los besos en otra oportunidad que hemos tenido que ir por ahí diciendo que tu asado estaba crudo pero era tan mantecoso como la vitrina elegida por los más acérrimos contadores de la UTE que estaban legitimados desde una práctica de lo habitual invisible. ¿O es que sigues pensando en libros y autores? ¡Claro que sí, nena! ¡Te gusta todo lo que sea colmena! ¡Eres invariable y pareces serena! Te sientes vacía cuando todo lo que te rodea te llena, y no lo notas porque te entra como condena por donde ya no sientes pena. Y te comes todas las letras como cena... ¡Porque dejar de creer te resulta faena!


¿Y a quién desvistes entonces? ¿A las lágrimas de los feroces lobos de la revolución? ¿Zapatos? ¿Universidades de lo extraordinario? ¿Light, radical, extremo, orgánico, simple, artesanal, crítico? ¿Cuántos megapíxeles, párrafos, golpes, extremidades, fotos de sangre? ¡Dejate de abducir! Total, que ya éramos antes de venir a parirnos y me vienes con tus lameculos preferido a hacerte entender lo que ya sabes por las suturas de tu bosque malherido, el que te sigue por los hombros y te desnuda en las noches para tocarte con los labios en tu sueño elegido: soy tan diferente como un pan comido. Y levantas el hacha y la dejas caer en la astilla, como si la fábrica James nunca hubiera existido. ¡Sigue subiendo tus fotitos, perra dulzona! ¡Yo no te olvido!

Eduardo Galeano

Un niño tristón, una madre empeñada en sacarse la bala del seno derecho y un pastor alemán devorado por una cajilla de refrescos, son los personajes de esta tierna historia que Bob Kane nos trae en esta simpática comedia de enredos típica de las pantallas de porcelanato.

Ambientada en la Europa del norte de los años 70s, la historia comienza cuando el niño (Aquaman) toma en sus riendas el control del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) y decide irse de la frontera con la guantera de la pick up llena de dolores falsos. Guiado por las luces de las estrellas que le meten las guampas en la primera de cambio, rápidamente se nos constituye en un personaje entrañable y valoraremos un poquito las ganas de sentarlo en la (hoy pasé la aspiradora) guasca.

La madre (Julianne Moore) es una adicta a (pero no es la madre del niño, es la madre de otro niño diverso del primero) las galletas de arroz de La Mallorquina integrales y con cereales. Ante la situación insostenible que narro, cae en la cuenta de que en su baño no hay papeleras de esas acondicionadas para tirar los paños higiénicos femeninos y sale en busca del Vellocino de Oro y otras nupcias. Al quedarse entumecida por un orgasmo que le lleva dos días de ventaja, cae en el mismo almacén y provicentro que el niño y traban enseguida una amistad de rompe y raja. Juntos coserán camisetas de felpa hasta que conocen a un seductor anciano de brazos tatuados a cal y a martillo (suena música de TRAVIS) que les introduce al mundillo de la Cortisona y les destapa las metafóricas agallas de la realidad.

Si bien el enfoque melodramático ajusta con agudeza la velocidad sonora del impacto que la pantalla grande acusa, el descanso (mantenido por las risas de una mujer recién bañada y con un delicioso aroma en la nuca) nos permite agolpar, una vez más, este subversivo largometraje arachán. Filmado totalmente en los alrededores de la cámara, el film nos braguetea la intensa novedad de una vida de frescura y pavor alucinantes, doblegando el coraje de sentirnos, por momentos, un caracol que fuma Puerto Rico mientras toma mate y masca chicle (salvaste el oral, contale a mamá). Obviamente destacables las perfomances de Mario Copetti, sale por lana y vuelve transpirado, y no he parado de comerme las uñas y tengo un gusto a jabón que ni te hacés una (la menor) idea.


Título original: La sierrita de arriba del cuchillo de la dictadura.
Título en español: Señal de ajuste.
Duración: ininterrumpida.
Dirección: J. K. Rowling
Protagonistas: Fausto (Pikachu).
Tiraje: cien mil ejemplares (a confirmar).
Maquillaje: la que hace todos los maquillajes en el canal diez desde hace añares.

Arthur Rimbaud

Conciente de todo esto, empero disiento o al menos me tomo la libertad. Tus planes han sabido escalfar mi chocolate en una sedición sin límites y uniendo los cabos disueltos. Y buscas en el diccionario a cada rato, te puedo ver y te siento calmarme. Allí, un microscópico cohete se escapa de tu culo urdiendo un plan. Más y mejor y más a mi favor. Porque en la punta misma de esa ventana se encarama un cisne y un pensamiento. Éste último es una fragata que maneja deportivamente por toda la semana Santa y mi bacalao con tus garbanzos. Otro cohete. Otro más, y transpiro con la boca abierta, indecente. Puta fatal. ¡Ya lo sabíamos! ¡Qué estilo! ¿Qué aprendemos? Total...
Aporta, eso es seguro. Hay una tonelada de eventos ahí afuera que se comen las raíces no teñidas. Si el nuevo Papa es la muerte de Chávez o estamos mirando fijamente el interior de la heladera hasta que el frío del piso chupa los pies descalzos en un tobogán infeccioso y pútrido de alegrías infinitesimales, como agujas y como al mediodía, en una bandejita de espumaplast sin valor, ni siquiera alcanzando la mínima dignidad para soportar encima el almuerzo y lo que me llena. Como tu pena. Y aún no te has despertado.

A veces creo que eres un renacuajo con un orto delicioso. A veces creo que sos un eje.

Y allí va otro cohete.

Milan Kundera

 
¡Sí! ¡Es que ya llegamos! Estábamos Gudi Alen, Tainch y por supuesto YO usando la misma mirada para ambas cosas y de repente se me salió el tiro por el estremecimiento. Es que mañana, con estos nuevos adelantos, no hay que engordar más que lo necesario para estar bien. Manco o Menso o Moon, ahora ni me acuerdo. ¡Teléfono! 
 
-Pasá. (Tainch tiene una voz grave pero no es ningún pelotudo, leía Kant en el gimnasio)
Hubo, en ese entonces, un sentido del humor hipocrático. Yo me resbalé tanto a carcajadas cuando la confesaron... Y no bien me miró a los ojos que le propusimos irnos del baile, una taza y un plumero. Sacale la piel al pollo antes y luego.
-Chapultepec. -le dije. Y salieron los dos cantando la canción esa de "oye mi can to". Era la primera vez que los tres condenábamos a esas señoras. ¡Qué estilo! Tainch guardó sus siete canutos mordidos de la suerte y bueno, es así.
 
Gudi dijo: -Pabellón nacional. ¡Qué piernas! ¡Uf! ¡Qué quimera! ¡Qué partido el de anoche, cinco a cero mamacita bomboncito grasocito, modosita intelectual, muñequita de satén, peluche de mis polainas, tetitas gorditas, corned beef, restregando inviolado la santa velada como el alguacil hasta que se me acurrucó en las hombreras de tela, cinco dientes y ocho libros publicados, escupía Fanta Naranja y yo somos amigovios de toda la vida. La niñez es tan hermosa que en cinco cartas no tengo ni un comodín... ¡Quitamelá! ¿Es esto Margara Shaw? Me encanta el cine. Nunca te entendimos pero tu amor es tan grande como una travesura adulta.
Les comento de las estadísticas que leímos esa mañanita, por ejemplo: 97,9 % de la joven que usa Olestars está para lamerla hasta que la iza Minelli. Y otros datos: Ojeras atenuadas 72 %, Bolsas desinchadas 78 %, Contorno de ojos descrispados 80 %. ¿Sigo?
 
-Compará precios. Comprame un concepto y será tuyo para siempre. ¿Deleuze? Ambos habían empezado a tocarse las rodillas. Opté por lo más seguro: Primperan. 

Alejandro Dumas

Ya que dejaste un pelo en el teclado te cuento. Ayer, cuando salimos de la facultad, me hice hombre. Por unos cuantos pesos le compré al hombre del puestito un libro versátil sobre una historia apasionante que terminé devorando a la noche como si fuera un recién llegado. Me emocionó casi. A la deriva, en un bote endeble y con escasas posibilidades de sobrevivir, un bebé de seis meses y una hiena quedan. La hiena, animal carroñero e insensible, representante de todo lo malo, lo instintivo y bestial, lo asquerosamente real. El bebé encarna la vulnerabilidad, lo magro y bobalicón, lo inerme y previo, la indefensión, la inutilidad y la inocencia. Juntos emprenden una travesía en la que pronto se dan cuenta de que su única probabilidad de sobrevivir es confiar el uno en el otro.

¿Cómo sé que la hiena se da cuenta? ¿Cómo sé que el bebé confía? ¿No estarán fingiendo? Mueren sepetecientos millones de personas por día, ¿y a mi me interesa la vida de un bebé en un bote tragado por el océano? Casi me emocioné. Sentí que compramos de todo, que todo tiene un valor y hay que hacerlo valer y que la forma de hacerlo valer, es comprándolo. Y no es consumismo, eh. No, porque ese ejemplar es inconsumible. Mi amiga la tarotista incluso dice que lo único que es, es comprable. Trata de hacerme entender que ni siquiera es legible. Yo intenté consumirlo, claro está, porque para eso nos hacemos dueños de las cosas y las gentes (no te rías que vos también decís "nuestros indios" y "mi mujer") pero me fue inconsumible. ¡Y eso que soy culto! ¡Y tengo muchísima capacidad de consumir porque lo aprendí en la facu llevando la mochi! Ojito que también aprendí a ser crítico y un as de todo lo socio-político. Y no compro cosas por comprarlas, compro porque las necesito. Me emocioné casi.
¿Cómo sé que la hiena es insensible? Porque come carne de animales muertos. ¿Cómo sé que el bebé es inocente? Porque aún no se ha demostrado lo contrario. Andá a dormir.

Antonin Artaud

¡Qué belleza! Estás en la carpa con la laptop si es de mañana y los ojos cojean al devenir en la promesa más vaga te encuentras sulfateando la parra vecina de los hombres en defender el seis de escobas. ¿Ecuestre populacho? Venir te ha hecho macho y los jamelgos vacían de significados la cosa y el arsenal. Demos gracias que aún se han cos del tan fer cak y los violentos vientos alisios que patrimonian el supermercadismo. ¡Es por qué! Y guata sale de los ojos de la mentira. Mentira normal. Aceite de heno. Armas llevan los pobres y las cargas las arma el diablo. ¡Es muy pronto para bajarlo!

En el hocico (y ayunan).
En la mañana (y descalzo).
En las oficinas (y amparo).
En la guaranga (y ejecuto).

Y las balas preguntan si es prosa. Y los y las madres cantan hasta que les dan las tetas a algunos desprevenidos de cinco años y más. Y preguntan las balas si es prosa y osan contestarlas. ¿Es transfusión de sangre o las auroras cargan la batalla de la realidad en la televisión adulterada por las focas capitoneadas? Pues resulta que ni han venido ni hemos sido. Los poderes de la conversación, en esta noche de esteras, nos lavan la cabeza con shampoo preparado en la habitación del silencio. Una bata, un batero, una bolsa de agujeros y un remedio: tomar a consignación. Y todo lo que no te llena te hace sentir plena.

En El Principito (y flaquean).
En la cotorra (y fagocito).
En los auriculares (y moqueo).
En los paraísos (y podo).

¡A tu manera! ¡Pero y con todas las letras! Es arcano y viene desde tiempos de diseño (cualquier biblia es La Biblia). Ya entiendo que vas tragando la intención, el escalafón y un digestivo reflejo de Sinatra el cantor. Pero si baila en la caña, movelo a lo tenue y sacate la remera que vas a explotar de puro ómnibus y Ciudad Vieja, tomando las curvas como una putísima moneda de las pretéritas y estoy hablando de vos, del verano, del este y de tus copias fieles a las propias pieles. ¿Te chamuscaste el concepto? ¡Ja! ¡No vas a querer entender, nena! Al ritmo se lo lleva el Mercado Modelo a seguir, porque de buenas a primeras, la facha es lo que te hace heroína. Y todo lo que no termina te ilumina.

Francisco de Quevedo

Si llegase a inundarse la sala, los primeros en saberlo viborearán hasta la salida más próxima evitando hablar de cadáveres, difuntos, parientes cercanos, hospitalizados graves, condiciones críticas y caídas de telones. Aquellos que hayan traído libros serán considerados sospechados y levitarán como pequeños dioses sobre una música popular o en marchas por la gloria, los derechos humanos, la adolescencia y la diferenciación excesiva a través de las reglas. Las ventanas están selladas pero entrará la melodía de instrumentos de viento a través de huecos en maderas hechas a propósito por la madre naturaleza. Leyendo el reglamento y claudicando a toda aventura, usted estará a salvo y sus amigos tendrán oportunidades, hágame caso y cuelgue el telefonito durante al menos dos horas.

Así de las plantas y otros vegetales se supone que estarán bajo resguardo en montoncitos de a tres o más, colgando sus corolas en una diversidad pasmosa que han catalogado nuestros mejores expertos y algunos que accedieron a una maestría digna y a un sueldo perezoso. El doctor quedó en llamar pero pasaremos mirando su recuerdo y soñaremos con su melosa vanidad apenas perceptible. De ello se desprende que estarán permitidas las fotos y la discriminación entre amantes del mismo tenor. Cualquier otro acto entre medio será interpretado y juzgado como ansiedad de cúpula y posibilidad de mérito.

Si el agua llegase a tomar los papeles, ya sea en parte o totalmente, escritos o en blanco, ajados o en perfecto estado, se procederá a sentir horror en las cantidades asignadas a cada ticket gestionado por anticipado en la pre-reserva previa de antemano. Los colores rojo y fucsia a las aguas menores y al infierno. Los colores amarillo y melón a las aguas seguras y despacio. Los colores celeste, ocre y vinilo a los padres en sus brazos. Si bien no habrá distinción de credo o caricia, especie o Leticia, es bien conocida por todos la fama de argumentos manejada en esta época del año. Rogamos entonces comprensión y buenas posturas, y el paseo será como un libro de metal.

Gracias.



Gilberto Owen


¡Hola! Pero y es que hace tanto que no (excitate con sornas de antemano) cerceno contigo y no siempre porque la demagogia se cuece en los albores de tus ninfas y termina acusándonos de que supimos estar comprometidos con un sistema que yo ni cago a palos ni tomo pala. ¿Qué desespera? Sensación: empiezan las arcadas, baja el señor y nos abre la puerta con la camisa abierta, deja de ladrar el perro, la mujer mira por la ventana y pasa el avión, el olor a pan, la polenta pegándose en el fondo de la olla, el fuego atestando los leños, el hogar inundado de un invisible aroma, el viento arremolinando calores escasos y una flecha apedreada por la inerme sensación de fragilidad que se muere en un pocito, se cae desde el final... Un semáforo. Una centena que toma asiento. Voces... Te sirvo algo más coagulando la erección húmeda en una infame producción de sexo infinito, cuadrado y filoso, rectilíneo uniforme y apoyado en las luces del gemido, sentado a la mesa regalada por tus hermanos de carne y sangran por unos orgasmos igualitos que ya tuviste en el ómnibus, antes de venir con tu pen-drive lleno de carpetas llenas de archivos llenos de excusas llenas de palabras llenas de significados llenos de historias llenas de indiferencias y además, a la vista de un ave como yo, llenas de violencia y poder en el posneoliberalismo. ¡Hola! ¿Y el agujero afrodescendiente? Se postula como microbios al sonido de una batahola más enérgica que rifles de espuma. ¡Y no te funciona ni nos damos cuenta de la cuneta!

Desarmar es infalible. Capto o refuto. Es otra múltiple opción.

Y hay un cielo en el aire.

Nicanor Parra

Lo que está dándose el gusto de venir ha cedido ya el pesado mesmerismo a las hojas del palacio. Chorrean cándidas las enanitas babeando unas ventanas que la psiquiatra les teje de a poco, enderezándote la boca con unos dedos largos y blancos como el frígido empezar de nuevo cada vez hasta la médula. Y si la música que suena es esotérica, las palabras se las lleva el tierno, las aprieta y las conserva en la heladera del trabajo, oprimidas contra el fondo del centenario. ¡Pero hay alegría y encanto! ¡Leés para descansar, Gloria! ¿O creés que tu capacidad crítica te lleva de la nariz hacia los calmos estanques de la sinrazón coleccionable? ¿La revolución comienza por el desorden o el desorden comienza por la caparazón?

Alto. Compremos esas banderitas cuadriculadas en blanco y negro de la meta. ¿Qué es lo que está insinuando ese docente malpago embutido en categorías? No importa de qué fanfarrias hable, ¡siempre es la misma geografía! ¿Cómo es que vas a entenderlo si ni siquiera sos tuya como fuiste mía? ¡Corré a leer Mafalda si no querés ponerte al día!

Ni te preocupes. Seguro exagero. Ahora somos otras generaciones más avanzadas, más sutiles y despiertas, más de libros afamados y peinados en sencillo. Ingresando y egresando de los institutos con la mirada agradecida y la sonsera tibia, impolutos, intocables, estériles, estéticos, enseñaditos, fáciles, rápidos de teclear y repletos de imaginar, zurcidos por millones de puertos USB que diagraman el sopor de la intimación, pequeños diapasones marcando un cuatro cuarenta exacto, discapacitado, lisiado, el de siempre, el de todas las guitarras y xilofones del mundo cocido y siempre tejido por las estrellas de la radio de plástico, derretida lento encima de la quematuti o las redes de sotanas sociales. ¿Te fuiste para afuera el fin de semana largo? Porque tu voluntad es como un pene arrancado a fuerza de hastío y pobreza de espíritu, es como el sms número noventa o como la lucidez de un minuto, la que no alcanza, la que no sirve para nada y nada con la cabecita afuera del agua, madurando, sonriendo gozosa y dando un pasito más, un alguito más, dedicándonos los últimos pestañeos, los últimos tiempos, un poquito. Otro poco. Un poquitito más. Otro poquito más porque ¿total?, hoy es un día idéntico.

"Si lo puedes identificar, es porque es idéntico." Lionel Andrés Messi

Enrique Amorim


Negalo y andá a acostarte. ¿Soy un lector inteligente porque leo Bukowski o leo Bukowski porque soy un lector inteligente? ¡Ah! ¿Me pica la punta de la pija o me punta la pija de la pica? Ya sé, entraste con el paquete de tabaco y las hojillas como mirando otra cosa y te pregunto: ¿a qué hora te levantaste y cuántas horas trabajaste hoy? Veamos el siguiente esquema: mentira, consideremos que vos seguís creyendo que los inciensos de lavanda algún día olerán a lavanda. Entonces te sentás en la vereda y le preguntás a tu cualquiercosario (cuya mochila no hiede): ¿qué has hecho hoy para alimentar al capitalismo?

¿Te responden que compraron?
¿Te responden que vendieron?
Te responden que desean.

¡Y pam! ¡El flan es huevo, leche y azúcar! ¡La Cenicienta va a caballo y Aquaman la mantiene a raya! Por suerte hay varias salidas, eh. Pensar, por ejemplo. Uuuuuuuuuuuuuuuuuu... Pensar es lo novísimo, lo colosal, las enredaderas en días de lluvia y el mirar tras los cristales. ¡Las chorizadas no fueron un invento, eran la única opción! ¿Y ahora? Seguís negando el marisco como seguís meando europeo. ¡Qué raro! ¿Soy un lector inteligente o un inteligente lector? Te miran subir al ómnibus y sentarte en el pescante. Y vienen todas aquellas voces (palabras) que guardás para cuando te muelas en sal muera y los hijos de tus hijos repitan las memorias del teléfono de disco y le encuentren sentido a Jaime Ross, la geopolítica del rizoma y se olviden, en una toma, de la mano y de la paja. Tan simple como como. Y tu concha siempre raja.

¿Te responden que leyeron?
¿Te responden que escribieron?
Te responden que estudiaron.

Juan Ramón Giménez

Hace un tiempo, en un paraje sincero, existía un reino sumido en una lúcida y benevolente monarquía. Así y todo, su rey, un joven tan bravo como justo, no estaba conforme con sus horas de aquello. Sentía que debía hacer más por su pueblo, que no alcanzaba con obrar en el justo renglón de las cosas. Así que se dirigió a su principal asesor y le consultó sobre ello.

"Su majestad debe salir." le respondió el desgraciado.

Ataviado con humildes ropajes para no captar las miradas y poder hacer desde las sombras del anonimato, el joven rey salió del pueblo principal hacia las villas fronterizas, desafiando toda la realeza que le había sido encomendada por la sangre y la herencia. A las pocas horas de andar, para su sorpresa, se encontró con un pordiosero que llevaba una bolsa de titilantes luces amarillentas sobre los hombros. El rey pensó en entablar alguna conversación para sacar información de donde jamás hubo de hacerlo. Era su momento de innovar. Pero no llegó a articular palabra alguna cuando el más común de los comunes le habló primero: "Las únicas palabras que se permiten rimar en la cabeza son moist, noise y voice, su majestad"

"Su majestad debe salir." le respondió el patético.

A las pocas horas de andar, para su sorpresa, se encontró con un herrero cuya mano derecha había sido sustituida por una vasija de barro repleta de flores. El rey se inclinó hasta casi besarle y éste le musitó al oído: "Advierte, mi joven rey, que los varones posan la mochila en el suelo y las damas sobre su falda."

"Su majestad debe salir." le respondió el miserable.

A las pocas horas de andar, para su sorpresa, se encontró con una ninfa que acariciaba cándidamente el endurecido cabello de un afrodescendiente. La hermosa mujer le habló, pero fueron los labios del moreno los que se movieron: "Las gentes cierran las ventanas de los ómnibus como si la lluvia fuese de gusanos, su majestad."

"Su majestad debe salir." le respondió el desdichado.

A las pocas horas de andar, para su sorpresa, se encontró con un monótono grupo de ateos que predicaban la libertad de culto. El más sensible de ellos, alzando la quijada hacia la bóveda celeste, le dirigió la palabra: "Luego de la masturbación, los acuerdos no desaparecen ni se modifican, mi rey. Simplemente cambian por completo."

Luis De Góngora


Puedes preguntarte. Y luego: ¿qué cómo sé que te masturbaste entre las arvejas? Muy simple: recorriendo el desiderativo de la palabra Conan. Ya veamos un ejemplo:
  1. Conan va al barco.
  2. Conan ve al parto.
  3. Conan sesga el caldo.
  4. Conan (se) desvive por el tango (y) la milonga.
¿Ayuda, no? No hay que olvidarlos. En la primera vez te asusta achacándote, relamida y paciente, hay una sota en pandillas de a cuatro valses y el poeta cosifica el agujero como tomando agua de la boquita de la pija (la boquita chiquita de la pija). En el tercer y cuarto hartos es donde la señora aprende a vivir de las heces del soliloquio y confunde pasto con dar a las habas el sutil importancio, la sublime inflamó. La pestaña del borde de la puerta desnuda el factor sarcófago y el verso tiende a trinchar el pollo como una berruga que el educando mejora a modo de invitación a una siesta vigilada con sexitos pequeñitos, sexitos del tamaño de las esferas de gelatina tibia que derraman la lechita calentita explotando en la cama del políglota. Ella se sofoca y él mucho menos. ¿Veamos si es por este esquema? En definitiva se halla, al saber de más de una Sofía exclusiva de la otra mantenida por lesbiana como sacrificio del siniestro programa de las clavículas compartidas a los menesterosos hermanos del sonido, y maduran rápidamente como un chorizo. Ella se seca y él se seca secándose ambos, mientras parece a propósito que está escrito y los premios se ganan o se ganan. A veces a fuerza de coraje. A veces a tuerca de engranaje. A veces afuera del peaje. A veces a del o haciéndoles gancho con la de trenzas y hippie. A veces son gajes. Pero se ganan. Y se ganan en definitiva. Los premios se ganan o se ganan. Veamos un gráfico:


Juan José Morosoli

Once you pop, you can't stop!

Taller literario Nuatsi interactivo Nº Siete y fracción: del ayuntamiento intelectual entre las Pringles y el premio Nobel de literatura.

Cerrá un poquito, entornala. Ahí está. ¡Hola! Mejor que mejor es abocarnos a la realidad. ¡Qué! ¿Parece una fábula? ¿Un consorcio? ¡Nada de eso, cachete! ¡Es la posta posta o el guarismo guarismo!

Fijémonos: las Pringles son únicas, saborizadas, saladas, sencillas, snacks, crocantes, tienen forma de papa frita, van al copetín, el asado, la barbacoa y el desliz post trabajo (ay, qué pícaras), son frescas y crujientes, ¡son al dente! En las páginas web de estos simpáticos animalitos podemos crear nuestro propio envase, ver el colorido y sentir la demanda, la facilidad y la perfección, en fin, vivir la vida en un tubo de Pringles. ¡Es lo más! Pero... ¿y qué tiene que ver con los premios Nobel de literatura?

Ah, macho. Pon el agua a hervir y sírvete. ¿Pensabas que la filantropía viene a pie juntillas? ¡Ternero predilecto, sorprende tu intelecto! El máximo requisito (la máxima intemperie) para ser Nobel en literatura (la reina de las ciencias) es tener asumida una postura sólida con respecto a las Pringles. Why? Repasemos:

  1. ¿Son papas?
  2. ¿Son alimento?
  3. ¿Son naturales?
  4. ¿Diseñaste tu propio tubo?
  5. ¡Ahora también en envase individual!
Si puedes tener una postura a favor o en contra de las Pringles, puedes dominar el raciocinio y la calidad de ver el mundo a través de la realidad y lo coherente, puedes. ¡Logras ser culto! Y si puedes argumentar, argüir, manejar el diéresis o crema, explicar, fundamentar, demostrar, esclarecer y elucidar, puedes fabricar literatura (la reina de las sapiencias). ¡Ea! ¡Estate en contra o a favor! Pero estate. Si no te estás, no estás. ¿Cuánto hace que sabemos que la razón es la columna vertebral de la literatura posta posta? ¡Vamos! ¿No son deliciosas? ¿Leíste atrás del tubo? ¡Qué nutricional! ¡Qué necesidad!


Víctor Hugo

¡A cal y campo! ¿Es de estrenar? Y hola, hoy les escribo para satisfacerlas perlas preguntas en torno a un documental polenta: La Educación Prohibida. Una película basada en los enfoques de la cámara y las tomas de sonido microfonadas completamente a propósito y con la meta de que se reproduzca hacia un espectador o espectadora que capte los mensajes que allí se proponen, ¿sabías? Los que estamos en el negocio de la educación hace años y venimos sembrando cultura en los cuerpos, las mentes, las almas, los corazones y las valvas del afortunado alumnado, sabemos que el sentimiento lindo es cosa docente desde el vamos. ¡Vamos! ¿Acaso se pretende que la familia se haga cargo de darles sentimientos lindos? ¿La familia? Dejame preguntarte algo: ¿la familia? ¿Acaso esa tarea delicada se deja en manos de los amigos o las amigas? ¿Los amigovios? ¿Una prima lejana con la que jugaban a la escondida a sabiendas de que era solamente un juego? ¡Vamos! ¿Todos los que educamos nos metimos en esto (Ernesto) para dar sentimientos lindos? Esa última frase es una afirmación que te la puse entre signos de interrogación para que te gustara más, ¿sabías?


¿Pero y no vichaste tu recibo de sueldo? ¡Das sentimientos lindos! ¡Y te dan! Si bien es cierto que la educación normal de hoy día prepara al cachorraje para el trabajo del mañana como si le lubricase los tiernos anos para los suculentos penes de la patronal (¡Cortázar libre y guarde!), es mejor que los preparase para el sentimiento lindo, la solidaridad, el compromiso, la búsqueda de la felicidad, el encuentro con la propia esencia, la mismidad, la trascendencia en la comunicación con uno y con todos, con la vida, la muerte, los apóstoles, Pedro, Pablo, Pepsi, Light, iPhone, softcore, etcétera y etcétera y Tinelli. ¡Y mañana estarán sentados en el trabajo pero con sentimientos lindos! ¿Dónde van a aprender el sentimiento lindo si no es a través de los docentes? ¡Vamos! ¿No es acaso el docente la persona más equilibrada afectivamente para transmitir EL sentimiento lindo? ¡Augura! ¿Cuántas gurisas de piel suave entran al IPA con deseos de transmitir sentimientos lindos? ¡¿Y a magisterio?! ¡Puf! ¡Carradas! ¿Y cómo les va?

Love Is Not Enough by Nine Inch Nails on Grooveshark
The more that we take The paler we get I can’t remember what it is We try to forget The tile on the floor So cold it could sting In your eyes is a place Worth remembering For you to go and take this And smash it apart I’ve gone all this fucking way To wind up back at…back at the start  Hey! The closer we think we are Well, it only got us so far Now you’ve got anything left to show? No, no I didn’t think so. Hey! The sooner we realize We cover ourselves with lies But underneath we’re not so tough And love is not enough
Well, it hides in the dark Like the withering vein We didn’t give it a mouth So it cannot complain We never really had a chance We never really make it through I never think I’d believe I believed I could get better with you
Hey! The closer we think we are Well, it only got us so far Now you’ve got anything left to show? No, no I didn’t think so. Hey! The sooner we realize (quiet repeat) We cover ourselves with lies But underneath we’re not so tough And love is not enough Love is not enough Love is not enough
Hey!

PD: si hay algo mal, la responsabilidad es del neoliberalismo o incluso antes.

José Saramago

Buen día. Felicitaciones, te has convertido en una gaviota sin pelotas que vuela por lo alto de las azoteas errando los goles automáticamente por no haber nacido dos minutos antes. Felicitaciones. Buen día. Todo lo que hayas errado en tu fantasía de vadear el camino del Inca a horas en que la gente trabaja y come de viandas, ha sido depositado en tu cuenta estratégicamente para evitar todo perjurio y queja en contra de tus falencias. Buen día, felicitaciones. Tu nuevita mesa de carne y bambú orgánico, sanador y oligofrénico, están aquí, han llegado soltando el aroma de tus nalgas en la mañana, cofrecitos de té londinense y taxímetros en los que me tocaste la punta de la verga contentísimas ambas. Felicitaciones y buen día. Hoy comienza el reto más apasionante de la televisión nacional y tú arrancas a mordiscos pedazos siniestros de lo que en la lotería se conoce como "premio desierto", u otra invención de los políticos que han leído ciencia ficción a cara de perro. Buen día. Felicitaciones. Te ves dulce como un láser y tus pasitos descalzos por la heladera de la vida, van tejiendo la ruta del sushi en tímpanos que nadie recuerda. Buen día. Felicitaciones. Ojalá no fueras un postre.


Simone de Beauvoir

Taller literario Nuatsi interactivo Nº 3: de las desinfecciones que tus ojitos de morondanga deberían de procurar en la realidad lírica y otras ménsulas más aberrantes.

¡Algo! ¿Y quién no? Desbarrancarse en la propia habitación de quien ha mantenido el café matutino, las cartas que llegan de las fans sudoríparas y el terciopelo de otra mañana de tarde temprano a las cuatro. Pero entre todas las advertencias y caricias de las letras que (me peino y no es una metáfora) forjan la élite culta, hay unas demandas que trabajan arduo en el mercado literario. Y miles de lectoras nos declaman:
¿Qué quiere decir literatura?

Si hubiesen de haber concurrido a nuestros talleres de sensibilización profesionalizada y cero por ciento light, sabrían la respuesta: PREGÚNTENLE. Así es, pregúntenle a la palabra literatura qué quiere decir. ¿Le preguntaron? ¿Verdad es que no les ha contestado, cierto? Innegable es ese hecho, ¿convengamos? ¿Y saben por qué es así y no de otra manera? ¿Intuyen? Es porque la palabra no quiere decir nada. ¡Opa!  La palabra no quiere, no desea, no anhela, no ansía ni aspira ni ambiciona. Las palabras no estiman ni adoran ni veneran ni apetecen. Somos los seres animados (como tú o como galleta) quienes desplegamos esas actitudes porque la ciencia averigüó que somos humanos y he aquí la revelación y bajá el volumen: ¡las palabras no son seres humanos! ¡Ay! ¡Oh! ¡Morite de la envidia! ¡Es la posta! ¡Horrible echarle sal a un guiso cuando ya está servido!

Y cabe de que la academia toda se me acabe tildándome de iconoclasta o quizás hasta de malevo o esperma, porque hay circulando personas que parecen palabras e incluso palabras que al leerlas nos abducen en un colosal candor pulsional que nos (¿cómo está el INAU?) llevaría a pensar que cabría la chance de que hubiese existido la mínima posibilidad en una contingencia extrema de que la coyuntura actual llevara a la casualidad de que fuese probable lo que se te pasa por la mente. ¡Pero ni a palos! Preguntale a la gurisa que te mandó el sms, preguntale al químico farmacéutico o maniobren en bedelía para sonsacarle información a los antropoides sobre qué quisieron decir al usar esas palabras y no otras. Pero, ¿preguntarle a la palabra? ¡Date cinco minutos, date vuelta!




Walt Whitman

El mundo de los sueños. La realidad alterna. La vivencia de situaciones, eventos y momentáneas oleadas de sensibilidad confusa y apasionante. No hay movimiento literario que no haya conectado con el soñar, llevar a los textos esa sensación de estar doblegándonos en porciones de una vivencia más permisiva y exuberante, más sencilla, compleja y por momentos más aterradora. Hoy le dedicaremos una mirada motivante a ese universo que contacta la más fina de las artes con la más curiosa de las experiencias.
Entre la abundante literatura sobre el mundo de los sueños, tal vez destaque por sobre todas las obras la genialidad de un hombre como Julio Cortázar. Si bien no es el inventor del género, su obra Martín Fierro es una de las joyas más destacadas a nivel nacional e internacional: un gaucho medio forajido, sumido en un sueño maliciosamente real, transita absorto por un mundo empapado en la corrupción y el salvajismo. Y hagamos un break aquí para dejar clara una cosita: aunque se ha discutido en ateneos en todo el globo, tanto Julio Cortázar como Martín Fierro son uruguayos. ¿Es esto cierto? Basta con seguirle la pista a este personaje: toma mate, por momentos brilla con una viveza criolla y por momentos asola con su garra charrúa, está en contra del virreinato del Río de la Plata y utiliza su facón cada vez que puede. La ternura de Julio puesta en este personaje que destila amistad, camaradería y soledad, demuestran una y otra vez su apego con el suelo oriental. Vive a salto de mata, mata para comer, su lenguaje tropero y creciente, la locura por el tango, el conocer las calles de la ciudad como la palma de su mano, su hombría y bravura, su fornida resistencia al alcohol y a las bebidas espirituosas, la china, el ombú, el alambrau, la guitarra y la bombacha de campo, la virilidad a flor de piel, el talero, el fútbol y la murga, las milanesas y el amor, en fin, todo nos hace sumirnos en un viaje nacional por este multiverso folklórico que el autor describe como onírico de manera magistral y uruguayamente. Está por demás clarificado que cuando el autor se refiere a La Pampa, está hablando de Montevideo, la rambla y la Ciudad Vieja. Además el propio nombre del personaje es cien por cien uruguayo: hay muchos uruguayos que se llaman Martín. ¡Y Julio ni te digo, hay carradas! La yerba incluso, que Martín Fierro comparte con sus compañeras de trabajo cuando llega a las termas del Arapey, es mucho más rica que la yerba argentina. Mucho más rica. No tiene palo, no se lava nunca y es con la amargura justa para saborear el campo y lo agro.

Su amistad con Artigas, por ejemplo.

En un partido de truco, el tipo mata la espadilla con la perica, por ejemplo.

Octavio Paz

¿Has visto? Andando por el mercado de las frutas y los vendedores de coraje matinal, emergen unos sopores bien compadritos y las caderas de la sabiduría enchufan calor invernal en su paquete de medidas contra la delincuencia y el barullo: en un afán sanitario de informar (la literatura es como un tocadiscos) aquí les presentamos la versión completa:
  1. De una mirada salen y está terminantemente acostumbrado por si hay alguna duda que caber.
  2. A propósito de las niñas y los niños que salgan de los colegios a buscar runflas de perezosos organillos rampantes, serán tomados como rehenes de una sediciosa voluntad taciturna y extática. 
  3. Sobre la droga y todo lo que afecta las buenas formas de las gentes que transitan gentilmente este Uruguay en ciernes, se adoptará la causa justa y la medida urgente, la justicia social y la verdad reveladora, la bondad sobre todas las cosas y las mejores maneras de tratarla, la salud esencial y la mejora radical, la insistencia de lo natural y el incentivo bienintencionado. Quedarán excluidos los alcoholes, los maniceros y las maniceras, la gente en situación de calle usted, los adultos responsables que quieren comprar vino luego de la medianoche y las adultas irresponsables que quieren comprar vino luego de la medianoche.
  4. De la caspa nada. Así es como estamos.
  5. Una vez por mes y cada quince minutos se viabilizará la posibilidad de que sea, a su vez, la última y la mejor, la más grande de todas y la más hermosa, embebiendo todo con su ponzoñosa calma almibarada y dejándonos más tersos que la famosa primera vez. Pero con la cáscara de sus ojos el cielo se meará en sí mismo, mordiéndose el labio de un enamoramiento parecido al trapo de piso y a las sábanas del Chuy.
  6. Marche preso o presa todo aquel o toda aquella que hable de sustancias psicoactivas y de Carlos Gardel en la misma conversación. Ejemplo (y que no se repita): "En la época de El Mago, todos se encajaban".
  7. Exceptuando, claro está, a los hombres que tengan el pelo prolijamente cortado y estén afeitados o con una barba prudente, bien vestidos y parados derechito, conversen preferentemente de deportes, política partidaria, automotores o cualquier otro tema que hayan sorbido de la tele y los asados de fin de año.
  8. Las mujeres no.
  9. Tillerts (T-shirts en el original) serán volanteadas con la inscripción ESA DROGA ES BIEN MALA. 
  10. Las Tillerts (T-shirts en el original) no serán obligatorias de ninguna manera pero su uso sí y muy mucho.
El Choclo by Los Panchos on Grooveshark

Julio César Castro

Cuenta la leyenda que un día se reunieron todos los sentimientos del hombre y la mujer a tomar un descanso de éste y ésta, y a satisfacer sus más pretéritas banalidades. La envidia fue quien propuso ir a la playa, ya que quería envidiar el rumor de las olas que lamían las orillas. La paciencia le inquirió que no se apurase, que no era necesario, pero la ansiedad le susurró a la angustia que ya no podía esperar más, y ésta última se angustió (¿causalidad o casualidad?). También fueron el amor, la suspicacia, el honor, el desenfreno, la ira, la lujuria, el aburrimiento, el desprecio, la furia, la confusión, el odio, la indecisión, la indiferencia, la felicidad, la frustración, el anhelo, la pasión, la nostalgia, la sensatez, la vehemencia, el desagrado, el enojo, el respeto, la tristeza, el coraje, la decepción, el miedo, el egoísmo, la lealtad, el rencor, el entusiasmo, la tranquilidad, el cariño, la esperanza, la soberbia, la crueldad, el orgullo, la culpa, la lástima, la euforia, el querer, la compasión, la ternura, el temor, la simpatía, la repugnancia, el fastidio, la audacia, la admiración y el asco.


Cuando hubieron de llegar todas y todos, la algarabía les comentó de cierto chisme que hubieron de escuchar, y la locura huyó por los campos de la mano de la incertidumbre y la aflicción. Tan tan lejos fueron, que se perdieron. "Vayamos a buscarlas" propuso la desesperación visiblemente turbada por el acontecer. Los y las demás la miraron con ojos desorbitados y la vergüenza les habló "¿No sería mejor que nos quedásemos algunos y algunas en este sitio aguardando al bienestar? No tarda en llegar." "¿Y tú cómo lo sabes?" preguntó a su vez el desasosiego. Y todas y todos estuvieron de acuerdo, menos la humillación, que les habló de esta manera: "Hagamos un fogón en la noche y aquellos sentimientos menos sensibles se adherirán a la cola de una estrella fugaz y cabalgarán de la mano del primer unicornio que se acerque a beber de las aguas de la fuente." Así fue que todas y todos acordaron la fogata nocturna al ritmo de las músicas y las danzas. Pronto los colores del fuego dibujaban animadas figuras en los contornos de las sombras iluminadas por la luz parpadeante de las chispas noctámbulas.


Al amanecer, cuando llegó la hora señalada por el rocío del alba, el bochorno comenzó a comer sin descontrol, babeando a la soledad y haciendo que la amargura se fijara en los ojos punzantes del remordimiento. Pero al soltar la almibarada copa de licor sobre el centelleante fuego de la barbacoa cenicienta, le quemó las yemas de los dedos al pavor y éste se despertó gritando tan fuerte que dejó sorda a la sorpresa y consiguió hacerse de los cuidados inmediatos de la soberbia, mientras la serenidad y la ilusión lograban orinarse la una a la otra de las carcajadas que el susto le robaba a la avaricia. Desde entonces, se dice que el júbilo es inaudito, y la humildad camina para siempre tirada por los gruesos bueyes de la gratitud y la melancolía.

Fernán Silva Valdés

"Falso que te sueña la niña 
que caga un perro de cicatrices
y los propios jurados avalan hoy tarde
lo que mañana temprano la quise
ensartar ¡ay! poblada de Gorbachovs
sosteniendo leales empleos

Quiso el terruño que se cayese
empuñando cagarrutas diversas
es una piba que si te la conversas
¿y ese?
te dará resultados astronómicos en caja de ritmos..."

¡Minga vas a tomar toneladas! ¡Dios te oiga! Las correspondencias entre el impresionismo del extremo oriente y las fauces de Narda Lepes, son el imperativo categórico mas arduo de hoy. Asistir impertérritos al chocante shock de una adicción al pelo está bien visto, sí ¿pero qué hay del nivel docente? Echemos un vistazo, gordi. Desde el vamos nunca quise un automóvil como premio, el pensar en pagar patente, gasóleo y la música de Doberman, no me ha retenido a la lectura de este sensacional fruto protagónico:

"...por eso mismo. La que te dije entrampó sus pechos entre los dedos de garza estilizada y me miró a los ojos debutante. Cosas malas habían pasado, pero como ésta, ¡ni en pedo, macho! Los pasillos del Instituto de Profesores Artigas no te sabrán preparar para limpiarle la caca al nene, aunque no lo sabrás hasta que el culo estrenes."

¿Cuál es el planteamiento de Lorca aquí? Sucinto.

Niña: la niña representa lo novedoso del mundo de Jaime, el gozo y el vaciamiento del útero de su perra.

Pinta: la pinta representa a la Santa María y, por sobre todas las cosas, un escorbuto galopante. Por ello regalan espejos pequeños y cuentas de colores, porque si te sangran las encías no se la ponés a ninguna india ni a palos. O bueno, a palos.

La música de Doberman: todo lo que no sea Fernando Cabrera es visto por la autora como VISITA EL FORO. ¡Qué lindo ir al Planetario Municipal! El cielo real me aburre.

Pedrito (el amiguísimo de Heidi): representa al yo y al ello psicoanalíticos y aúna las consecuencias (y deseos ocultos) de quemar las urnas de los votos enemigos. Es visto por Prometeo como la exégesis de lo contrario, lo que mueve a Martin Fierro a buscarse una bragueta menos frágil (por los negros del campo y esas cosas).

La peluquería: nunca queda claro bien qué representa jamás. Puede que sea algo al pedo. Los escritores de alto calibre suelen poner palabras vacías en algunos textos. Ejemplo: desliz, migraña, Shakespeare, gasóleo.

Marcel Proust

Aclamada por algunos, amada y odiada por otros, la indescifrable presencia de la muzzarella  o mozzarella en el mercado occidental ha marcado siempre una sucesión indiscutible de efectos y afectos en el corredor humano-animal que marca la agenda gastronómica mundial. Pero ¿qué es la muzarella aproximadamente? Con un principio incierto, sus primeros usos detallados en el "Necronomicón del Quetso" (la biblia del queso), dejan notar a la muzzarella más como una medicina que como un queso lindo para gustar: "Muriose el cavrito de Jorje i jedió fiero noventa lunas con sus noventa soles i para que las jentes de la aldea frenaran sus propios sambuyires en una negra mortandá se prepararon unas musarelas es quisitas (...) rebentar que rebienten pero con salú" Eurípides, 1234 AC. Exactamente mil años después, el infortunado Julio César escribiría: "Puedo no entender el Cosplay en los adultos, pero entiendo perfectamente la muzzarella." Siete días después, en plena batalla contra los placebos, el ajuar romano contaba con una dotación envidiable de este queso tan romántico como enigmático.

Y sin embargo, ¿por qué se abarrotan los mercados y las ferias de personas de todas las etnias en busca de este manjar? ¿Qué propiedades tiene que lo convierten en el comestible más poderoso del mundo? ¿Y por qué está ominosamente rodeado de tanta morbilidad y mortalidad a lo largo de su deliciosa historia? ¿La marca amarillenta de una tragedia inconciente quizás? "Absorto desde mi camarote dejo que la realidad me interpele salado: ni bien desciende del crucero, la muchachada se abalanza sobre el área de quesos y fiambres de Tienda Inglesa y en minutos, ya no queda más de esa leche maciza que los lugareños llaman moussearella. Es como si quisieran seguir mamando la leche de por vida y cada vez más sólidamente, ¡qué disparate!" así escribía Freud en su carta al Dr. Selby, apabullado por el inaudito deseo enfermizo de quienes condimentaban su día a día a fuerza de la muzzarella de años ha. ¿Y hoy día?

Aldous Huxley

¿Qué es el minimalismo? ¿Existe el minimalismo? ¿Afecta? Quizá de las obras más transformadoras que han dado se trate en suma de poder la pieza textual que se diríamos que puede llamar por su título: Funca. Ya el nombre es minimalista, la esencia es minimalista, el recorrido es minimalista, los contextos y la meta son minimalistas. Acusa de objeto el recibir un significante que empuja el minimalismo por el ojo de su aguja minimalista. Las doscientas páginas coordinan un abanico de situaciones donde el lector sumerge posiblemente sea la delicia de saberse entrometido y a veces coautor del minimalismo, coadyuvando, corroborando y coleccionando la factura de una historia tan perpleja como admitida en la simbiosis mecánica del propio tabletear de sus armas de fogueo minimalista: una muchacha toma café. La tierna simpleza minimalista del momentum, la carencia de la otredad inenarrable y el pelo, convierten a la obra del afamado en un cincel que talla de hombres como por ejemplo nombrarlos. La lista sería interminable. Y da pudor.

Luz: "-Estese quieta con la luz de las gaviotas, Doña Malguán. Las enfermedades de los muchachones son la delicia de algunas de las que acaban de menstruar. A las mujeres me refiero, imagino que me entiende. No estoy hablando de las gaviotas ahora, ¿me entiende? Me refiero a que las enfermedades de los muchachones son la delicia, por así llamarle, de las mujeres, de algunas de las mujeres que acaban de menstruar. ¿Me explico? ¿Me entiende?-"

Cíclope: "Mecía el ancho monstruo su modorra ampulosa por los entretejidos de la piara, enfrentando coágulos desnudos que pendían de su zigzagueante fisura purulenta que sus entrenados misterios iban agrupando durante miles de años a lomo de mundo. Siete campesinas lo vieron decaer y siete campesinas le dieron el alta."

Los viajeros: "Tras caminar siete metros por el angosto pasillo interno, aparecía una puerta de tosca hechura pero fuerte en su constitución y presencia, que comunicaba el pasillo con el segundo dormitorio, más grande e iluminado que el anterior y de paredes pintadas más femeninamente en un cálido color avellana, baldosas de piedra pulida en el piso, muebles que recordaban las viejas tapas de las revistas rococó y gruesos cortinados de terciopelo en color rosado. Orientadas en dirección este-oeste, se ubicaban dos camas pequeñas perfectamente tendidas desde las cuales se podía ver una amplia ventana que daba al jardín frutal, donde aún quedaban las hamacas multicolores y la fuente que ya no sería utilizada en mucho tiempo. Los viajeros garchaban allí."

Leopoldo Lugones

La historia se ambienta en un calabozo donde cosechan tubérculos los emisarios del cacique. Ya de pique el lector puede (y la lectora quiere) escatimar las primeras decenas de páginas sin encontrar más drama que "Darcy descubre en sus entrañas un cascarudo semental, infatigable y fogoso, al que decide ponerle de nombre DOSMILSIETE, ya que ese era el año de los...". La habilidad de cercenar la patilla es puesta en duda en base a recursos adultos como el predicado fósil, anagramas sin hipoclorito, nexos beligerantes y tintineos Marxistas en la cadera de la mejor biblioteca de la zona. Sin amargo, lo crucial emerge como tu mano ayer domingo: una bolsa de nylon transparente se atora en el almuerzo a causa de que su compañero de trabajo, espantado de estatus y drogas revenidas, cocea el interior de una reflexión sobre el maridaje entre la cerveza Warsteiner (premium verum) y los amorosos, blancos, plácidos, largos, suaves, cálidos, marmolados, tersos y dulzones muslos voluptuosos y eternos de una gruesa vampiresa disfrazada de sencilla estudiante de cualquier licenciatura de mierda a las siete de la tarde de hoy.

Ni modo que al volver de lugares tan comunes como el especial énfasis en la contracultura de los columnistas más deseados del siglo, hemos sabido yo apetecer este novísimo material etéreo que la parca dejó en su camino al maullido. Se trata ni más ni menos que de una sensación audible, ya porque la historia que nos recrea fabulosamente la actriz, es una mezcla de ternura (propia del inductivismo de autores como Silvio Berlusconi, Natalie Imbruglia, Fray Bartolomé Carrasco y otros) y desolación. ¿Por qué apostar a lo viperino en la Sudamérica del hoy? No hallo su caballo, Lord.

El final es una interesante retrospectiva sobre la cantidad de palo que sumaste estos meses y muy a pesar de ello aún apestás a talcos que decantan en el fondo de los galpones donde las ovejas esperan a los gusanos. Una propuesta que no colma en un momento donde los apicultores están más que ovalados por la sequía y la muerte de los golletes. ¡Y yo que tantas mesas de bares he dejado por tu tolerancia, sex appeal y tazas de Gancia!

Mark Twain

Me retiro. Agarran uvasales de encima de la mesa, del escritorio, las bandejas, los pantalones cosidos a mano y me retiro. La luz se apompona mágicamente en una botella hirsuta de polillas hambrientas de fiesta, y el día tuerce la cara en cada una de las muchachas que me bebieron la leche directamente del agujerito de la pija. El sol me pega en el pecho de la calle, haciendo cosas de vándalo por el dormitorio o culebreando mugriento por el piso frío, con pelos enganchados en la barriga y pelusas de la frazada hincadas entre los dientes, la saliva, el ambiente carcelario y húmedo, abyecto y curiosamente permanente de los dedos de escritor. Limpian los lentes con el hedor de la boca roja y me retiro. Sirven ensalada con papas remojadas en aceite, jugos de limones y sal vertida en lluvia generosa. Todo logra sucederse mientras toman mate, se ceban, se toman otro mate y así descaradamente, como si fuese universal, habitual, chispazos todos los días, como el hambre: jamás sentimos hambre, solamente relojes. Se sientan en las bibliotecas, alcanzan la alfombra y suenan las mentiras de los dedos en la fatal caricia repetida de la monotonía que no nubla ni persevera. Me retiro.

Los ómnibus afuera.
El ruido de las llantas en 
la calle mojada.
La gente trabajando a
la intemperie.
El torpe secreto de esperar
lo memorizado.
El olor de los pinos al sol
inexistente.
Las enfermedades de todos
los años que huelen a sopa
y a té y a
descarga.





Contra el borde izquierdo del piano me retiro, contra las negras, los azabaches, las conchas de mujeres maduras, excelentes amantes, feroces reproductoras, apasionadas de la complejidad y los versos, mujeres de pelos victoriosos, caderas de olla y besos de penetro, agarro, aprieto, magullo y seco, maduro y abro, amasijo y abrazo, hurto y vendo, conozco y sé, pudro y digiero. Me retiro. Las paredes huelen a salsa de soja y a mosquitos, los pasos en el corredor, la valija, el andamio todavía allí. Los andamios, las reparaciones, las restauraciones, las mejoras, los baldes, las explicaciones, el sopor de la madrugada, las ocho horas, el té, la vianda en su tupperware. El precio del trabajo y el trabajo del necio. Los músculos tirantes que divergen preciosamente aromáticos en las opalescentes espaldas perfectas de las sonrientes gurisas con sed, los tatuajes, el licor, las ignorancias y los hoyos infinitos de las letras, inconmensurables, infinitas, fieles de fidelidad, incondicionales e implacables, infinitas. Me retiro. Se ríen a carcajadas y sonrío. Retumban. Me peino con los dedos. La puerta abierta.

Washington Benavides


En una forma absoluta y con variaciones muy tomadas de los pelos, algunos hombres y algunas mujeres saben la diferencia entre una masturbación profunda y su antítesis. En tanto la noche se dedique a profanar los claroscuros más excelentes y las autoridades más férreas, el versículo en solitario que nos proporciona infinitas madejas de autoconocimiento y autococción, se va desplazando en un camino suavemente ondulado con particularidades que rara vez nos dejan atónitos pero pueden llegar a sorprendernos. La crudeza, la animadversión, la lujuria, el amor, la desdicha, la ducha, el sopor, la ira y la apatía incluso, lubrican misteriosamente el fondo de un crisol de intimaciones que abren sus bocas hambrientas para recibir el sencillo arte de entregarse a la mismidad y el fabuloso ascensor (rara vez descensor), que nos deposita tierna y furiosamente en las gargantas del placer. Es así.

Gentes lo toman repulsivo, insano. Hay farándula que no logra tentarse a sí misma y desdeña buscarse clímax. Otras voces hablan de sustitución, instando a una teoría que afirma que el tocado propio suplantaría coitos y encuentros variados con el prójimo, como si solamente hubiese que echar mano cuando uno extraña el fatigarse con un otro... Llegábamos a llamarles "canallas" en la juventud babosa de nuestro camino culto. Hoy sabemos integrarlos al rincón de los cercanos, observándolos entrar al tenedor libre y servirse la ensalada de lechuga que tanto solicitan. ¿Y qué de los demás? ¿Qué de aquellos hinchas de la glotonería toda? Sin pausa, sin prisa, con un atavío de anhelos que diagrama las pupilas temblorosas de placer en cada tintinear del rocío nocturno. Un enjambre de sedes que dota manos y dedos con el ansia beligerante de un encuentro lascivo con el sensual espejo de cada obscenidad que nos habita y conduce cotidianamente, deformando los grafismos de la vida con las plúmbeas curvas artesanales de la orgánica estimulación autoreferencial. ¿Y levantarse al otro día y darle un beso en el cachete a mamá, ir a la facu con la mochi, el celu, a trabajar, darle la mano a seres de variopinta calaña, coordinar, dirigir subalternos, integrarnos, dialogar, socializar, mezclarnos y opinar...? ¿Esto es posible habiendo buceado orondos por el cálido océano pringoso y cándido de los carnales mesmerismos personales, habiéndonos hecho "la propia"?

Mirame.

William Shakespeare

¡Sí! ¿Vamos al after office de tu siniestra madre en iPad? ¡Coagulala! Porque ha ocurrido, y les pido mil disculpas ya que van, un señorial golpe de suerte: parecería suceder que hay escritores cultos, gentes de jerarquía y talante y damas del arte, que utilizan seudónimos para esconderse tan bien, que algunos nombres que hoy manejamos de aquí para allá, son harina en las manos de un niño que vomita las ramitas del bonsai de la vida. ¡Así como lo oyes, pelitos en la cola! Minúsculos pero allí están, como otra campaña viral. ¿Pueden engañarnos? ¡Qué sorprendente! ¡Es el canal cuatro! ¿Les pillamos por detrás? ¡Ay, dale!


Fiódor Dostoievski: ¡tanto papel hemos llevado a la papelería que nunca se creería! Este tipejo escritor de sainetes infatigables como "¿Cerraste?", "¿Segura que sí?" y "Fijate a ver, no sea cosa que..." ha parecido desaparecer sus particularidades identitarias a lo largo del siglo XV dando como resultado un menjunje vicioso que cae en la penumbra de las autorías molestas. Toda la información que tenemos de él es un flácido oasis de ladrillos en el lerdo desierto de la mampostería. El verdadero autor de su material es nada más ni nada menos o sí, quizás tal vez el misterio arrolle y hagamos otro thriller. ¿Qué enseñaremos ahora en los colegios? ¿Literatura? ¿Oscurantismo? ¿Te olvidaste que no te viniste nunca encima? Pero tampoco te pusiste las pilas, pusilánime.

Gabriel García Márquez: otro simpático muchacho que nos maravilló con su impronta agridulce en Macondo y Canstatt, aterciopeló su filosa pluma con los heterónimos de Leonardo Sbaraglia o Nicolás Cabré, quienes obtenían unas jugosísimas sumas de dinero por sus wallpapers y así cubrían los gastos de la escritura y los maquiavélicos desórdenes acometidos en la capital. Juntábanse en un resto pub de Pocitos y le llamaban "lefa" al semen, mientras describían hombres en las esquinas rosadas entre risas y revistas barriales a todo calor.

Alejandra Pizarnik: parece que la que te dije no solamente nunca existió en forma de ella, sino que sus textos son un conglomerado de delfines y atunes... ¡atorados en las redes de balleneros hampones que matan a las vacas para usarlas como animales de circo y alimentar a las tortugas con nylon! Su forma de escribir tan particular se debe a peripecias artesanales que pergeñaron los maravillosos universitarios para hacer pasar esas letras como verdaderas obras literarias infectas de ambrosía culta. Recordemos "Como agua para cachalote", "Aprenda a bailar choro" y "Las regalías son mías". No digo más.

Virginia Woolf

A causa de que tanto calor no me deja disfrutar de mis actividades como quiero es que, sin pausa y sin prisa, voy a por el nuevo Rexona Men Xtra Cool, un antitransiprante de los de venerar en el día a día de los cultos. Así como te lo cuento, algunos instantes de mi suprema vida de entelequia me suceden en el área universitaria, en procedimientos que me ajetrean a lot, escribiendo en los blogs para mantener la cultura, corrigiendo las sandeces en los exámenes de las chicas, perfeccionando la artesanía de la docencia y aleccionando a las gentes en los Facebooks, Twitters y Eme Ese Enes con lo nuevo de la academia, lo clásico, lo oculto, lo crítico. Es entonces que en estas temporadas de canícula, mi sistema glandular desarrolla un artesanal sudor potente y belicoso, que solamente logro mantener a raya con el nuevo Rexona Men Xtra Cool. ¡Es tal cual! Mis colegas cultos que se iban retirando luego de una jornada de rompe y raja, ¡pegan la vuelta azorados al percibir que el clima todo de la habitación se vuelve tan fresco como los pavorosos submarinos nucleares rusos abandonados a su suerte en el Ártico o en el ático! ¡Es de biógrafo, no veas!
Inclusive las siervas que se allegan a colmar mis expectativas lúbricas con sus despampanantes cuerpos orondos de fervoroso deseo y desmedida lujuria, a veces se cansan de vocalizarme la suculenta katana carnal y se adecúan a posiciones de una mentirosa pasividad tradicional y austera, ansiando mi honesto desempeño pantagruélico con el hambre de mil cachalotes desnutridos, lo que me seduce a metamorfosearme en una eficiente factoría humana de forjar tu ranking de los cien mejores orgasmos de la semana. Claro está, ello me produce colateralmente una copiosa perspiración virulenta que troca las sábanas y la mixtura corpórea de ambos, en una voluptuosa burbuja babosa, brillante y muscularmente viva, que nos veja y deja empapados hasta la infinita consecución de los cardúmenes de polvos que nos estábamos echando. Ergo instantes después, cuando las deliciosas ninfas quedan apabulladas en un sopor de abismal goce y eficaz obediencia enmatecadas en mi candoroso lecho de masacre hedonista, aprovecho el nuevo Rexona Men Xtra Cool para retornar mis aromas a unas maravillosas melodías donde la frescura coadyuva simpáticamente con el sobrio fragor de una serenidad olfativa tan superficial como encomiable.
Con camaradas, con las minitas, cuando remontamos alegremente los cerros de nuestro país enfundados en un bonito calzado deportivo protector, y zigzagueamos las sendas rocosas munidos con textos de Eduaro Galeano, solemos ser fácil presa de unas repugnantes exudaciones que logran embeber nuestros ropajes infectando el medio con una ponzoñosa pestilencia peripatética que fulmina toda esperanza de continuar con la socialización macanuda que traíamos otrora. De inmediato el nuevo Rexona Men Xtra Cool que yo empleo con harta mesura, convierte la inmunda orgía de nauseabunda fetidez en una justa celebración de la armonía humana (culta) y nos deja lubricados en una fragancia que raya en la gallardía de sabernos aptos para desempeñarnos con la lozanía y frescura que el colectivo socio-comunitario nos demanda, por la sencilla razón de ser hijos de un mundo de diferentes efluvios. Sobre todo el tuyo. ¿El mío?, el nuevo Rexona Men Xtra Cool.